FAMILIA

Yo tengo un héroe llamado papá

por Yohana Dennen

 

«Un buen padre vale por cien maestros». Esta frase del escritor, filósofo y músico Jean-Jacques Rousseau cobra vital importancia en un mundo donde la figura paterna pareciera ausentarse o no estar presente en las familias de nuestra sociedad.

Sin embargo, ¿quién de ustedes no ha tenido la profunda alegría y el eterno agradecimiento de contar no sólo con un padre bueno, sino con un gran maestro?. ¡Así es mi padre! Un hombre que nació en Río Caribe, ciudad pequeńa costera situada en el Estado Sucre, cuyo lujo nacional se encuentra representado por el mejor cacao del mundo, las playas más hermosas y la calidez de su gente. Hoy, Día del Padre, quiero compartir con ustedes 5 características por las cuales me siento orgullosa de tener un papá 100% oriental. ¡100% venezolano!
1) Su incondicional amor por mi madre: si bien es verdad que para ser padre se requiere ejercer la paternidad responsable con los hijos, no es menos cierto que el mejor regalo que un papá puede darle a su hijo es el querer a su madre. Ese ejemplo de amor incondicional entre los esposos, le brinda a los hijos estabilidad (no económica) sino emocional. Esa relación de equipo entre papá y mamá profundiza en los hijos el carińo y respeto hacia nuestra madre y permite afianzar valores y principios gracias al ejemplo que se deriva del trabajo coordinado de ambos.  Mi madre fue y sigue siendo el centro de su universo y verlos juntos y fieles en medio de la crisis económica, social y política existente en nuestro país es un acto heroíco. Por ese amor incondicional, sacrificado y generoso ¡Gracias Papá!
 
2) A mi papá nada ni nadie lo sacará de Venezuela: Durante su carrera profesional le ofrecieron un cargo con un excelente salario en Estados Unidos y lo rechazó porque él decía: «Yo creo en Venezuela. Aquí serviré mejor a mi familia y a mi país que en Washington DC». Su amor por el país nos lo transmitió desde que nacimos. No podíamos ser simplemente habitantes o personas que representaran un número de una planilla de un censo. Tampoco podíamos ser ciudadanos que caminaran por las calles sin norte, sin rumbo. Para mi padre, esas calles teníamos que conquistarlas, lucharlas, merecerlas. Por tanto, desde pequeńos nos invitó a leer titulares de la prensa, meternos en la política, ejercer nuestro voto, saber de economía, cuidar los jardines del Parque del Este o sembrar un árbol. Por esos detalles y por tu infinito amor a Venezuela ¡Gracias Papá!
3. El que bien te quiere, te hará llorar: amar a los hijos no es sólo decir «te quiero», comprar regalos o salir a pasear. Ser Papá es inculcar valores y exigir con carińo y firmeza -de acuerdo a la capacidad y talentos de cada hijo-, para que puedan ser mejor persona. Yo recuerdo que cuando tenía 9 ańos, salí malísimo en un examen de matemáticas. Saqué 08. La maestra de mi colegio me pidió que mis papás firmaran el examen y lo trajera de regreso al día siguiente. En mis cortos 9 ańos, para evitarle un disgusto a mi papá se me ocurrió borrar el 0 y colocar un 1, de manera que en lugar de 08 pretendí sacar 18. Le presenté el examen a mis papás para la firma y, ellos al revisar el examen, en cuestión de segundos, me descubrieron. Ver la decepción en su rostro fue mi mejor castigo. Lloré desconsoladamente. Mi padre, me sentó en un banquito y me dijo: «no es la nota lo que me duele. ¡Es la mentira! ¡La falta de honestidad es lo que lamento! Hija mía: con la mentira y la flojera no se llega lejos. En este país hay 2 caminos para salir adelante: Un camino ligero lleno de facilísimos y atajos y otro difícil pero motivante que se cultiva con el corazón y el intelecto.
Ese día supe que mi camino sería empinado con los números, pero había que fajarse. Ese día supe que mi padre no firmaría mediocridades ni deshonestidades. Ese examen de matemáticas marcó mi vida y, hoy que soy madre, me doy cuenta que los malos hábitos o errores de nuestros hijos hay que atacarlos a tiempo, sin excusas ni ambigüedades. Aquello que representó mi vergüenza nacional, fue la mejor lección de mi infancia. Cuando me gradué de bachiller, con honores en mi clase, y le entregué el título a mi papá, él sacó de su bolsillo aquel 08 que había guardado con carińo por tantos ańos y que me enseńó tanto. Por ese regańo oportuno y merecido y por todas las correcciones a lo largo de mi vida quiero decirte: ¡Gracias Papá!
4. Generosidad con los hijos y las cuentas por pagar: En nuestra sociedad actual existe el mito que a mayor número de hijos, más probabilidades existen de ser un mal padre. Mi papá solía decir: «es verdad que ser padre no es fácil, pero estar abiertos a la vida no podía depender del número de ceros de mi cuenta bancaria». Si hubiese reducido la llegada de mis hijos a simples cálculos numéricos o si hubiese esperado el momento perfecto para tenerlos, ninguno de mis hijos habría nacido y, actualmente, no gozaría de la alegría que me dan ellos y mis nietos.
Por tu generosidad y sacrificio al regalarme 9 hermanos y todos mis sobrinos, quiero decirte: ¡Gracias Papá!
5. Rezar no es cosas de mujeres: todo el mundo cree que rezar es una tarea femenina o de religiosas, pero una de las características que más caló en mi corazón fue ver rezar a mi Papá. Su piedad y capacidad de reconocerse pequeńo ante Dios era atrayente y contagiosa. Hace muchos ańos le pregunté ¿qué rezaba? y ¿por qué lo hacía?. Me contestó: yo todos los días me presento ante Dios y digo: «¡Aquí estoy Jefe!. Todo lo mío es tuyo. Mi esposa, mis hijos, mi trabajo, mi presente y mi futuro. En tus manos, todo lo entrego» y, con esa sencillez, hija mía, te puedo decir que Dios nunca me ha defraudado.
Gracias Papá, por enseńarme que la Fe no es para extraterrestres ni para personas con un problema mental. Gracias por ayudarme a entender que Dios es nuestra fortaleza y que Él es el responsable de tus cualidades de HÉROE, un héroe sin igual!
Una vez más, gracias por tu sacrificio y entrega, por tu amor a Venezuela y por enseńarme las tablas de multiplicar. Por los domingos de Pavarotti, Mozart y las sinfonías de Johann Sebastian Bach. Gracias por las copitas de ponche crema, vino o champańa y por las uvitas en Navidad. Gracias por bailar al ritmo de la Billos, por tu valentía en momentos difíciles y por enseńarnos a soñar. Gracias por querernos sin límites, pero sobre todas las cosas, ¡GRACIAS POR TU AMOR A MAMÁ!
Feliz Día del Padre a todos los papás venezolanos y, a todas las mujeres que les ha tocado ser padre y madre a la vez en esta difícil tarea que representa rescatar nuestra amada Venezuela. ¡Que Dios los bendiga y los proteja! ¡Gracias!

Yohana es Abogado, esposa de Pat y mama de Thomas y Michael. Actualmente vive en Estados Unidos con su familia y se dedica a “humanizar” la rutina familiar con alegría, creatividad y buen humor.