EDUCACIÓN

Ser el mejor o ser mejor… ¿qué importa más?

 

Lo que hay que ser es mejor

y no decir que se es bueno

ni que se es malo,

lo que hay que hacer es amar

lo libre en el ser humano,

lo que hay que hacer es saber,

alumbrarse ojos y manos

y corazón y cabeza

y después ir alumbrando.

Coloquio bajo la Palma

Andrés Eloy Blanco

Cada vez que en un colegio se entrega un premio, sea el que sea, se escucha de fondo el lamento de las mamás que ponen en entredicho los parámetros de selección del ganador, la justicia del premio, la incomprensión para con el no-ganador, y hasta el engaño de decir “tú ganaste, pero no te lo dieron”.  En estos tiempos de reconocimientos y excelencias académicas siempre pienso en el poema de Andrés Eloy Blanco, Coloquio bajo la Palma, que dice “lo que hay que ser es mejor y no decir que se es bueno…” .

Siendo padres generalmente queremos que nuestros hijos sean los mejores, en todo… Y les transmitimos esa expectativa sin darnos cuenta de que con eso les estamos limitando la capacidad de comprender la diversidad del mundo.

Los cuadros de honor y los premios a la “excelencia” son un arma de doble filo. Y el filo que escojamos depende en mucho de nosotros, los papás. Nuestros hijos deben aprender como objetivo el de se mejores, que muy distinto es de ser LOS mejores. ¿En qué consiste esa diferencia? En que ser mejor, se trata de identificar nuestros defectos y luchar todos los días por superarnos de a poco en ellos. Ser LOS mejores se trata de compararnos con los demás y de participar en una carrera permanente en la que siempre hay que ganar.

Una persona empeñada en ganar permanentemente es una persona destinada al fracaso porque nadie puede ganarlas todas. En ese sentido, es muy saludable explicarles a los niños que cada quien tiene cualidades distintas y que naturalmente tendemos a ser muy buenos en ámbitos distintos; que ese “ser buenos” no depende tanto de nuestro esfuerzo como de nuestros dones naturales, que potenciados por nuestros esfuerzos nos hacen “ganadores”. Así, convertimos una ocasión de triunfo natural en una ocasión de lucha y les permitimos ver que siendo distintos todos podemos alegrarnos de los triunfos de otros y de nuestras propias luchas.

Cuando en los colegios entregan premios a los niños, somos las propias mamás las que los ponemos en ocasión de sentirse inconformes. Si nuestro hijo de pronto se lamenta por no ganarlo, hay que preguntarle si ha hecho el ejercicio de hacerse mejor, porque cada vez que lo haga, merece el premio familiar al esfuerzo y porque eso sin duda es lo que va a permitirle prepararse para una vida más compleja, a futuro. Hagamos nosotros mismos espacios para premiar esfuerzos y sobre todo, enseñémosle a alegrarse por el triunfo de los otros. Esta sociedad va a ser mucho más amable e incluso divertida, cuando aprendamos todos a alegrarnos por los triunfos de los demás, cuando seamos capaces de ver con objetividad nuestras virtudes, nuestras limitaciones y emprendamos con alegría el ejercicio de ser mejores. Los concursos y las competencias son una ocasión privilegiada para enseñarle eso a nuestros hijos.

Algo similar sucede con la expresión “brillar” que decimos recurrentemente: nuestros hijos han de brillar, como estrella en el firmamento. Brillar implica a lucir, figurar, llamar la atención… esta expresión luce boba frente al “alumbrar” de Eloy Blanco. Quien brilla se luce; quien alumbra, sirve. Da de lo suyo para los demás, y para dar más, tiene que trabajar duro, procurarse mejor, más robusto. Porque quiere dar luz, para que otros puedan beneficiarse de ello.

Como decía un santo: “que sea yo bueno y los demás mejores que yo”. Es una buena forma de plantearse este tema, ser buenos o mejores no se trata de compararnos con los demás, se trata de competir con nosotros mismos y de alcanzar la virtud de alegrarnos por la misma lucha que libran los demás, con sus triunfos y con sus éxitos. Porque a fin de cuentas, lo mejor será que tratemos de ser todos, al mismo tiempo, mejores.

(Si quieres leer el poema completo de Andrés Eloy Blanco haz click aquí.)

Grisel es esposa de Armando y mamá de Alessia (7) y Alejandra (10). Es comunicadora de profesión y profesora universitaria por vocación. Amante de la literatura y creadora de la comunidad virtual @cosasdeninosoficial . Una fiel creyente de que en el mundo los buenos somos más.