EDUCACIÓN

Los «niños de cristal»

por Carolina Adell de Olivares

A los 17 años entré por primera vez en un aula. Desde ese tiempo hasta acá no he dejado de estar en contacto con niños y con el tema educativo. Durante este tiempo he visto, admito que con cierta preocupación, cómo poco a poco han ido en aumento lo que yo llamo «Niños de cristal». Seguramente todos los hemos visto y es probable que tengamos alguno en casa. Los encontramos en los parques, en los colegios, en las actividades extracurriculares y en el centro comercial. 

Yo los veo así. Son niños, de cualquier edad, a los que sus padres en el parque no les permiten subir al tobogán: es muy peligroso, te puedes resbalar. O van caminando detrás de ellos sin despegarse ni un segundo, porque se pueden caer. Son niños que cuando quieren agua o un helado o la piedrita del niño de al lado, arman berrinche y estremecen al planeta y puedes ver a los padres a su lado nerviosos, sudando, preocupados tratando de resolver la situación. En las actividades extracurriculares he visto muchos, son esos niños que cambian de una práctica a otra porque sus profesores les hablaron muy duro o porque el entrenamiento es muy fuerte. Y en el colegio son aquellos que tienen a sus padres hablando con la maestra día si, día no, porque fulano no quiere ser su amiguito, o mengano no comparte su desayuno con el. También es el niño al que la maestra no puede corregir porque sabe que al día siguiente la «ley» le va a caer encima. Son muchachitos que le lanzan el morral a su mamá o papá y cuando uno los ve, estos últimos te dicen: pobre! Es que este morral pesa mucho. 

En definitiva, son niños que por la sobreprotección de sus padres, la mayoría de las veces, no logran por sí mismos manejar un conflicto, resolver un problema, enfrentar una «adversidad». Son un poco como el cristal, cualquier fuerza los astilla, cualquier caída los rompe y es muy probable verlos frustrados. 

Quizás en este momento pienses: pero si es muy pequeño, cómo va a ser eso que mi niño de 3 años tenga que enfrentar una «adversidad» o resolver un problema por sí mismo. Pero resulta que nuestros niños pequeños van creciendo y suele suceder que luego a los 6, los seguimos viendo pequeños. 

Nuestros niños crecen, y crecen continuamente, en la medida de esa evolución hay que ir aprendiendo, como padres, a «soltarlos» un poco.  Hay que permitirles a ellos resolver conflictos, dejarlos subir al tobogán aun cuando sabes que hay probabilidades de que se caiga, hacerlos aguantar un poquito la sed, o que caminen un poco más antes de cargarlo. Poco a poco,  entendiendo que va creciendo y que no tendrá 3 o 6 o 10, toda la vida. 

Esas pequeñas acciones ayudarán a nuestros hijos a crecer independientes, dinámicos. Aprenderán a aventurarse, porque, aunque vean que puede haber un peligro, sabrán que el resultado de esa aventura es tan satisfactorio tan enriquecedor, que vale la pena el riesgo. Crecerán entendiendo que hay que resistir, la sed, el cansancio, el sueño. Crecerán en reciedumbre. 

Es apremiante entender que, es NUESTRO DEBER preparar a nuestros hijos para el futuro, para la adultez. Es urgente que entendamos que en las caídas, en el fracaso, en las llamadas de atención, en el cansancio y en el dolor hay un aprendizaje. Nuestros niños necesitan vivir esas experiencias en su infancia y adolescencia para luego enfrentarlas con más herramientas -adquiridas y desarrolladas en esas etapas- en su adultez. De lo contrario no sé si logren enfrentarse a los problemas de forma efectiva.

Si permitimos que ellos puedan resolver, enfrentarse, buscar soluciones y salidas, acompañándolos, estando allí atentos para apoyar y escuchar, brindándoles todo nuestro cariño y comprensión. Si les damos el protagonismo, la oportunidad y el espacio para hacerlo solos, seguramente los estemos ayudando a ser «adultos» fuertes desde pequeños. Y crecerán con menos peligro de romperse cual cristal. 

Carolina es esposa de Alberto y mamá de Ana Sofia, Ana Valeria, Luis Felipe y Juan Andrés. Viene de una familia de educadores y es licenciada en educacion preescolar. Actualmente además de criar a sus hijos trabaja como coordinadora en un colegio en su ciudad natal: Barquisimeto, Venezuela; y junto a su esposo son algunos de los impulsores de la organización Familias para Familias en esa misma ciudad .