FAMILIA

La alegría en la vida familiar

por Yohana Dennen


Cuentan mis hermanos mayores (porque yo no había nacido en ese momento) que iban camino al colegio cuando un perro se le atravesó a mi madre mientras manejaba. Ella enfurecida, sacó la cabeza por la ventana del carro y le gritó con todas sus fuerzas: ¡Animal!. Luego del susto, mi madre miró a mis hermanos y todos (incluyendo mi mamá) no pudieron aguantar el ataque de risa porque el cuadrúpedo que se atravesó en el camino era, en efecto, un animal.

La alegría, solía decir mi madre, “no es permanecer con una sonrisa congelada y ficticia las 24 horas del día, los 7 días a la semana. Sonreír, es un acto de humildad, donde me acepto a mí mismo y a mi modo de ser, permaneciendo allí donde estoy con santa paz”.

Chesterton en uno de sus libros escribió: “es fácil estar tristes y difícil mantenernos alegres”. Por tanto, la seriedad no es virtud. De hecho, esa facilidad de tomarse todo en serio y a título personal es una tendencia que nos conduce a la decadencia porque no requiere ningún esfuerzo personal y, la tristeza -si nos descuidamos- es fácil transmitirla a nuestros hijos sin darnos cuenta.

Es por ello que, nosotros como padres, debemos infundir en nuestros hijos que en medio de nuestras dificultades cotidianas, nos miramos a nosotros mismos constatando nuestros límites humanos -que no necesariamente son defectos- y día tras día, en cada paso que damos, miramos las cosas con perspectiva alentadora y esperanzadora sin tomarnos todo de forma trágica. Pero, ¿Cómo podemos lograr mantener el sentido del humor y la deportividad ante los obstáculos cotidianos?

1.- Reírnos de nosotros mismos: 
Como padre o madre de familia debemos esforzarnos en desdramatizar y relajar las situaciones de la vida poniendo el acento en lo que tiene de contradictorias, sorprendentes, ridículas y paradójicas. Para lograr esto es necesario tener la voluntad de descubrir las claves del humor: lo que nos hace reír, lo imprevisto, lo ilógico. No es ser chistoso ni burlándose de los demás para causar risa. La alegría cotidiana significa ser flexible y estar dispuesto a ayudar a que el ambiente donde estamos, trabajo, familia, etc., se liberen de rigidez y tensiones.

2.- Romper la rutina con planes diferentes: si nos damos cuenta que nuestra vida familiar se encuentra tensa por circunstancias externas o dentro del hogar, debemos tomar la iniciativa de diseñar un día playero con amigos, una tarde de Karaoke, jugar una noche al escondite con linternas con nuestros hijos, acampar en la sala o en el jardín para relajar tensiones, llenar la casa de ocurrencias y travesuras y renovar nuestro espíritu alegre, de manera que podamos empezar con mejores ánimos al día siguiente.

3.- Dejar a nuestro esposo o cualquier miembro de la familia ser como niños: ayer llegó mi hijo menor de 3 años y me dijo: “Mami, estoy feliz. Construí una torre y (…). Lo interrumpí preguntándole: ¿Tu hermano mayor te la destruyó?. Me respondió: “No, ¡Papá me la tumbó. Luego, papá hizo la torre y yo se la destruí!”. Este ejemplo sencillo, común y corriente que le sacó la mejor sonrisa a mi hijo, nos permite observar que aunque algunas mamás les cuesta ver la casa convertida en un relajo fuera de control, cuando un adulto (sea tu esposo, un tío, el abuelo, etc) el que comenzó un juego desastroso pero divertidísimo, son esos momentos los que nuestros hijos atesoran como los mejores de su infancia y se convierten en las futuras anécdotas que le contarán a sus amigos o a tus nietos.

4.- Buscar un buen libro o un chiste que amenice el ambiente: no todo lo que leemos o conversamos en la casa debe tener una moraleja, una enseñanza histórica o un aprendizaje para cultivar el intelecto. A veces contar varios chistes mientras cenamos, hacer una competencia de adivinanzas o leer cuentos divertidos nos harán pasar un rato agradable y olvidarnos de los problemas que no podemos solucionar o cuya resolución no está a nuestro alcance ni en el corto plazo. Hace poco, mis hijos y yo descubrimos una ilustradora americana llamada Jan Thomas, que escribió una serie de libros infantiles cómicos, entre los cuales les recomiendo: “A birthday for cow”, “¿Is that wise Pig?” y “Rhyming Dust Bunnies”, que hicieron de nuestra lectura un encuentro fantástico de carcajadas justo antes de dormir.

Hoy, les hago la misma invitación que la Madre Teresa de Calcuta hizo al público cuando recibió el Premio Nobel de La Paz: «La tristeza y el abatimiento conducen a la pereza y al desgano. Por tanto, sonreíd unos a los otros, dedicad tiempo para estar junto a vuestras familias. Sonreíros mutuamente. La paz comienza con una sonrisa”.

 

Yohana es Abogado, esposa de Pat y mama de Thomas y Michael. Actualmente vive en Estados Unidos con su familia y se dedica a “humanizar” la rutina familiar con alegría, creatividad y buen humor.