FAMILIA

¿Eres una mamá diagnóstico?

por Yohana Dennen

Hace poco alguien me preguntó: «¿Por qué todo se lo consultas a tu mamá?». A lo cual, mi amiga me respondió: «Yo todo lo consigo e investigo en Google». Esta afirmación podría ser una frase común en muchas madres jovencitas y no tan jóvenes donde al parecer Google se ha convertido en la mano derecha de nuestra vida, no solo a la hora de conseguir una receta de cocina, obtener ideas para hacer una piñata, encontrar la dirección de una tienda, sino al momento de educar a nuestros hijos.
Efectivamente, todas sabemos que Google es un motor de búsqueda que utiliza varios programas y cálculos para emitir resultados amplísimos y completos sobre un tema específico. Sin embargo, tenemos que reconocer que nuestros hijos no son productos matemáticos o el resultado de la combinación de algoritmos tecnológicos, sino seres humanos que crecen a distintos ritmos y maduran en tiempos diferentes. De tal modo, que no siempre lo que investigamos en Internet se adapta a las circunstancias individuales de cada familia ni se ajusta a las capacidades o necesidades de nuestros hijos.
Por ejemplo, ¿cuántas veces no nos ha pasado -especialmente al ser madres primerizas- que vemos determinados comportamientos en nuestros hijos y corremos a investigar aquello en Google y terminamos envueltas en diagnósticos que terminan quitándonos el sueño y nos preocupan sin necesidad y, que luego al ser consultados con alguien con un poco más de experiencia como nuestra madre o un buen pediatra, podrían ser etapas de crecimiento normales y comunes que no necesariamente significan problemas cognitivos, sensoriales o espaciales ni representan un déficit de atención, coordinación o motricidad de nuestros hijos?
De igual forma, incluso con nosotras mismas ¿cuántas veces no nos imaginamos el embarazo como una etapa bellísima y, resulta que cuando salimos en estado, algunas mujeres, les da por llorar durante los 9 meses y no saben por qué? o, ¿que luego del Post-parto nos percatamos que el estado de ánimo nos cambió con una facilidad impresionante y pasamos de la felicidad al mal humor en cuestión de segundos y nos sentimos irreconocibles frente al espejo y frente a los demás?. Nos dirigimos a Google para investigar qué nos pasa y, según internet, deberíamos estar internadas en un psiquiátrico con un cuadro médico de depresión, bipolaridad, ansiedad, ataques de pánico, etc, cuando en realidad, nuestro cuerpo solo está pasando por un proceso de ajuste hormonal que alteró nuestro sistema nervioso y endocrino y necesita simplemente tiempo para recuperarse y volver a funcionar de la misma manera como lo hacía antes de que llegara ese ser pequeñito que vino a cambiarnos la vida.
Tenemos que tener mucho cuidado con todas las investigaciones que hacemos en internet porque me he dado cuenta que: 1) hay tanta información relacionada con la maternidad que, en lugar de invitarnos a reconocer las emociones, cambios de humor y estados de ánimos que ocurren durante el embarazo y el post-parto como procesos normales y ordinarios propios del sexo femenino, son vistos como sinónimo de tratamiento psiquiátrico y prescripción médica inmediata; y, 2) he observado en muchísimas mamás una gran preocupación por el desarrollo y crecimiento de nuestros hijos que pareciera que todo lo que ocurre o acontece durante la etapa infantil de nuestros pequeños es parte de un problema cuya solución no se consigue sino a través de un especialista, un diagnóstico y múltiples terapias. ¡Cuidado! No podemos andar por el mundo diagnosticando a nuestros hijos o diagnosticando los hijos de los demás basándonos simplemente en aquello que vimos o leímos en internet así como tampoco podemos permitir que el constante bombardeo de información en las distintas páginas web, nos paralice o nos haga mujeres o madres incapaces de superar las dificultades propias que lleva consigo la maternidad y la crianza de nuestros hijos.
Es por eso que les recomiendo -en estos tiempos de modernidad y avance tecnológico-, que ante la duda soltemos la computadora y acudamos a alguien (en mi caso, mi mano derecha por excelencia es mi madre) pero en tu caso puede ser tu mamá, tu hermana mayor si ya tiene niños grandes, una tía pediatra o alguien que haya vivido lo suficiente y su experiencia (que no es información teórica sino práctica) te aporte aquello que internet carece, como por ejemplo:
1.- Sentido común: si bien es verdad que la tecnología es una herramienta fantástica en el mundo actual para encontrar en cuestión de segundos todo lo referente a un tema de nuestro interés, tu mamá y la mía crecieron sin Internet y sin las redes sociales y, gracias a ello, desarrollaron un sentido común extraordinario para darse cuenta -a través de la crianza de sus hijos- que no todos dejamos el pañal en 3 días, ni todos caminamos antes de cumplir un año, o  hablamos corrido al pisar los 2 años y, no por eso, fuimos diagnosticados y medicados por cada dificultad que encontramos en el camino.
2.- La experiencia y sabiduría de tu mamá no requiere Wifi, contraseña y es totalmente gratuita: estas mujeres maravillosas que crecieron sin tecnología -al convertirse en nuestra mamá- pasaron por similares preocupaciones a las nuestras, tuvieron dificultades en su embarazo o durante la lactancia, o en la educación de alguno de nuestros hermanos y, aún así, se sacrificaron día tras día sin dramas, sin especialistas ni terapistas para darnos lo mejor de sí mismas por nuestro bien y el de nuestros hermanos. Esas mujeres que a veces pensamos que pertenecen a otra galaxia porque no sabemos cómo funcionaron sin tecnología, son mujeres de carne y hueso (como tú y como yo) que están allí dispuestas a ayudarnos a toda hora y, sin importar la distancia, pueden darte un gran consejo que en lugar de preocuparte, te dará serenidad y algunas herramientas para fortalecer a tus hijos en aquellas áreas que lo necesiten.
Es verdad que a veces hay señales en nuestros hijos que pueden ser la indicación de la existencia de un problema que debe ser atendido médicamente, pero hay infinidades de veces donde somos nosotras las que queremos ver resultados inmediatos en nuestros hijos que requieren tiempo y madurez por parte del niño que tú ni yo podemos forzar o acelerar. Aprendamos a ser pacientes, sin dramas y sin diagnosticar a nuestros pequeños. Hoy, las invito a que nos demos cuenta del valor infinito que representan las abuelas de nuestros hijos en nuestra vida ordinaria. Ellas son un derroche de sabiduría, experiencia y sentido común y que pase lo que pase en tu vida o en la de tu hijo, tu mamá siempre estará allí: ESPERÁNDOTE PARA AYUDARTE!
Yohana es Abogado, esposa de Pat y mama de Thomas y Michael. Actualmente vive en Estados Unidos con su familia y se dedica a “humanizar” la rutina familiar con alegría, creatividad y buen humor.