FAMILIA

El tiempo no es oro, es vida

por Yohana Dennen

Tienes 24 segundos para convencerme». Así le decía una mamá a su hijo mientras yo jugaba con los míos en el parque, para decidir si lo autorizaba a dejarlo en casa de un amigo mientras ella hacía una diligencia.

Obviamente, el hijo -que tendría como 8 ańos- le tomó más de 24 segundos aquel asunto de convencer a su madre, pero al observar toda esa escena me preguntaba cuántas veces no nos pasa que queremos que todo se resuelva, se aprenda, se valore y se eduque en cuestión de minutos.

Tenemos que tener mucho cuidado con transmitir a nuestros hijos que si no logran sus metas en 24 segundos o si les resulta imposible ganarse el prestigio y la popularidad a través de 140 caracteres de su cuenta de Twitter, entonces todo lo que hagan, se propongan o tracen en su vida carece de valor, significado y trascendencia.

¿Cuáles son los dos peligros que he visto en esta inmediatez, rapidez y velocidad en la que nos encontramos hoy en día y cuál sería mi sugerencia para contrarrestar los efectos?

1) La cantidad está reemplazando a la calidad: Durante la época escolar, se observa que no importa cómo se hacen las tareas ni tampoco si nuestros hijos entienden la materia, sino que lo importante es hacer todos los proyectos y asignaciones en tiempo récord. En estos casos, no le damos oportunidad a nuestros hijos para que se concentren en los estudios, pregunten las dudas, investiguen con diferentes libros y cuiden los detalles.

Y, durante las vacaciones, pareciera que somos más populares, más simpáticos y más queridos si vamos a 4 fiestas, 3 clases de deportes, 1 obra de Teatro y 2 conciertos en menos de 24 horas. En estos casos, tampoco le damos posibilidades a nuestros hijos de cultivar o fortalecer amistades, formar parte de conversaciones o disfrutar con tranquilidad un plan familiar porque nuestra vida es una corredera absoluta.

Sugerencia: Durante el ańo escolar, ayudaría tener un horario, un ambiente tranquilo al momento de hacer las tareas e inculcar en nuestros hijos que finalizar un proyecto o completar un examen en tiempo récord no los hace necesariamente más inteligentes que los demás ni dominar un tema con profundidad y, durante el tiempo de las vacaciones, convendría que nuestros hijos sepan que declinar cordialmente una invitación a una fiesta no es el fin del mundo, decirle que «NO» a nuestros hijos sobre un plan -si ya tenemos armado otros- no causa dańos irreversibles ni trauma infantil y que ellos entiendan que la popularidad, simpatía y carińo entre nuestros amigos no depende del número de planes que montamos o asistimos, de la velocidad con que enviamos un tweet ni de la cantidad de fotos que montamos en las redes sociales.

2) Los valores no se inyectan con una jeringa. Cada uno se forja y se pulen con el tiempo: Nadie es ordenado, estudioso, generoso y honrado de la noche a la mańana. Todo lo contrario, el orden, el estudio, la generosidad, la honradez así como todas la virtudes humanas toman tiempo y esfuerzo diario. Por tanto, si los médicos no curan a los pacientes en cuestión de horas o minutos ni las madres convierten a sus hijos en seres ordenados por mandarlos a organizar su cuarto una vez al ańo, tenemos que empezar por reconocer que la educación de nuestros hijos require de nosotros una actitud firme, una disposición estable y un esfuerzo habitual que no se concreta ni se materializa en segundos ni en unas semanas.

Sugerencia: Darnos cuenta de las veces que nuestros papás nos repitieron las mismas cosas y la infinidad de oportunidades que  insistieron con cariño y firmeza a pesar de nuestros defectos, nos ayudará a ser más pacientes con nuestros hijos. Asimismo, si queremos que ellos crezcan en valores y virtudes, tenemos que empezar nosotros por dar el ejemplo con serenidad y sin apuros.

Hoy, los invito a que concienticemos que nuestros hijos (así como nuestros amigos, vecinos o cualquier miembro de nuestra familia) no son productos de pre-venta ni comerciales del Super Bowl, que sólo tienen minutos de nuestro tiempo para convencernos de su valor. Todos sabemos que un noviazgo que viene acompańado de una propuesta matrimonial, dar luz a nuestro primer hijo, convertirse en el mejor amigo de otra persona, alcanzar un título universitario y todo lo preciado de nuestra vida nos costó más de «24 segundos» de nuestra existencia. ¡Ánimo, no corramos tanto y sigamos educando!

Yohana es Abogado, esposa de Pat y mama de Thomas y Michael. Actualmente vive en Estados Unidos con su familia y se dedica a “humanizar” la rutina familiar con alegría, creatividad y buen humor.