FAMILIA

Con la mirada puesta en el Belén

por Yohana Dennen

 

Hace poco tuvimos en nuestra casa a una pareja de amigos y, como todos los amigos buenos y sinceros, se te acerca tu amiga y te dice: “Qué espectacular tu casa, pero ¿para cuándo vas a renovar la cocina?”. Mi esposo, que siempre tiene un comentario oportuno mezclado con una  pisca de buen humor respondió: “For Christmas, we asked Baby Jesus to give us a brand new baby instead of a brand new kitchen”. (Para Navidad, nosotros le pedimos al Nińo Jesús que nos regalara un bebé nuevo en lugar de una cocina nueva”. Y se cumplió nuestro deseo, porque estamos a la espera de nuestro tercer hijo.

Por cosas del destino, esa tarde nos fuimos al parque a jugar con nuestros hijos pequeños y allí mi esposo se encontró con amigo de la Primaria quien andaba buscando alguien bondadoso que le tomara una foto a la familia entera. Al ver a Patrick, su amigo emocionado, nos presentó -como diríamos en criollo- un pelotón de gente que venían de todas partes del mundo a pasar la Navidad con los Abuelos. Este amigo de la infancia lanzó a todo pulmón el siguiente enunciado: “Familia: les presento a mi amigo Patrick, su esposa y sus niños. Ellos, aunque uds. no lo crean son los nuevos dueños de la casa de nuestros abuelos”. Al instante, se oyeron suspiros, algarabía y, en medio de la emoción, alguien lanzó la pregunta: ¿Remodelaron la casa?. Le respondí: “sí, le hicimos varias remodelaciones a la casa, pero lo que sigue intacto es la cocina”. Bastó pronunciar aquello, para ver en los ojos de cada uno un brillo y una nostalgia inexplicable. En esta casa, creció y se formó una familia de 4 hijos cuyas historias, risas, lágrimas, tremenduras, luchas, sacrificios y tradiciones familiares sólo ellos y mi cocina conocen. Esta cocina, que para una pareja de amigos está pasada de moda, para estas 40 personas que nos encontramos en el parque sencillamente tiene encerrado un tesoro: ¡Su Familia!

Qué maravilloso fue observar cómo un mismo hecho pudo generar 2 reacciones totalmente diferentes. En estos días que se celebró la venida del Niño Jesús al mundo, es un buen momento para preguntarse con sencillez no cómo luce tu cocina, ni tu carro, ni tus bienes personales, sino ¿qué es lo que estamos cocinando en nuestra vida?

Mis papás, a quienes admiro profundamente, le dieron el siguiente consejo a un matrimonio joven con 5 hijos que buscaba romper con el consumismo y materialismo propio de las fechas decembrinas. Ellos, le dijeron lo siguiente:

“Existen 2 maneras de vivir la vida:

1.- Teniendo la mirada puesta en la Tierra: esto ocurre cuando sólo nos importa cómo nos ven los demás, cómo lucimos, los contactos que tenemos y los bienes materiales que poseemos, y así es muy difícil ser feliz y realizarse a plenitud porque los bienes terrenales tarde o temprano nos dejan completamente vacíos y nuestra vida carece de sentido; o,

2.- Teniendo la mirada puesta en el Cielo: cuando nuestros ojos se posan en la gruta de Belén, en el hogar de Nazareth, podemos descubrir en la Virgen María, San José y Jesús Niño el mejor ejemplo de pobreza, desprendimiento, generosidad, Amor y Fe jamás visto en la faz de la Tierra”.

Hace más de 2000 años una mujer (María) y un hombre (José) le regalaron al mundo a su único Hijo (un bebé envuelto en pañales) sin pedirnos a cambio ningún trato especial ni privilegio. ¿No te parece increíble que el Hijo de Dios haya nacido en un establo, porque no había otro sitio en la tierra para el dueño de todo el Universo?.

Con esa majestuosa sencillez que encierra la gruta de Belén, hoy los invito a que nos acerquemos con confianza al Pesebre y nos preguntemos ¿dónde y en qué tenemos puestos los ojos? ¿Están puestos en el dinero, en nuestra comodidad, en el qué dirán y cómo nos ven los demás? o, por el contrario ¿queremos ser más generosos, amables, alegres y despegados de los bienes materiales para ser antorchas que iluminen nuestro ambiente familiar, profesional y social?.

Le pido a Dios en esta Navidad que sepamos descubrir en los demás a ese Nińo Jesús que -tanto ayer como hoy-, espera encontrar cobijo en nuestra vida. Asimismo, le pido a San José y la Virgen por todos los matrimonios, para que de una u otra forma se vean compensados con gracias y bendiciones por la valentía, generosidad y heroísmo con que llevan el entorno familiar y su manera de afrontar las dificultades en estos tiempos de crisis, adversidad y pobreza extrema. Y, por último, pido por todas las familias esparcidas por los cinco continentes, para que sepamos acoger con gran responsabilidad y audacia los retos que se nos presenta diariamente en la educación de nuestros hijos, a tal punto que entendamos que nuestra casa no sólo es fábrica de esperanza sino que allí -en la simpleza de nuestro hogar- estamos cocinando el futuro de la humanidad.