FAMILIA

Amor con contenido

Yohana Dennen

 

“Lo más característico de la vida moderna no es su crueldad ni su inseguridad, sino sencillamente su vaciedad. Su absoluta falta de contenido”. Esta frase de George Orwell escrita en 1945, me recordó aquel consejo que mi papá me dio cuando cumplí 15 ańos: “Hija mía, pregúntate de vez en cuando, si eres una jovencita con contenido”. Mi madre, mucho más ilustrativa que mi papá, al explicarme aquello, me dijo: “lo que tú papá quiso decir es que de nada sirve que tengas los ojos verdes, si no cultivas tu inteligencia y tu corazón para ponerlo al servicio de los demás”. Y así con la profundidad de mi papá y la sabiduría de mi mamá quedé a mis 15 años con la boca abierta.

Una de las características que admiré profundamente en mis papás fue esa capacidad sutil, casi desapercibida, de guiar lo que oíamos, veíamos, hablábamos o leíamos. Nuestros 5 sentidos estaban muy bien cuidados en nuestra infancia. Por ejemplo, en mi casa siempre llegaba de visita alguien pidiendo un consejo matrimonial o de noviazgo, o solicitando alguna directriz ante problemas económicos, educativos, profesionales, etc. Mi madre, como todas las mamás que siempre están pendiente de los detalles, se encargaba que el estómago del visitante estuviese contento, porque para ella “resultaba imposible recibir un buen consejo con el estómago vacío”. Así que todos comíamos juntos, echábamos cuentos con los visitantes y una vez que la cena había terminado, mis papás nos invitaban a jugar en otro lugar de la casa porque lo que venía a continuación eran temas que nosotros no teníamos ni la edad ni la madurez para participar de aquellas conversas. ¡Qué sutileza! ¡Qué muestra de carińo tan pequeńa pero valiosísima en nuestra infancia!

Hoy, 20 ańos más tarde, siendo madre de tres hijos, al recordar a mis papás en este país tan lejos de mi tierra, me ayuda preguntarme con frecuencia: ¿qué escuchan mis hijos?. ¿Qué ven? ¿Qué leen? ¿Qué bailan? ¿En qué ambientes se mueven?. ¿De qué hablo con ellos?.

Quizás tú y yo podríamos preguntarnos: ¿De verdad, nuestros hijos necesitan enterarse de los problemas matrimoniales del vecino a la edad de 5 ańos o menos en una pińata, una reunión casera o en una conversación en el carro con nuestros amigos?. ¿Somos capaces de respetar las edades y la madurez propia de cada uno de ellos en sus respectivas etapas? ¿Por casualidad, se nos ha pasado por la cabeza darnos cuenta que somos expertos en todos los filtros que ofrecen las aplicaciones de los teléfonos para mejorar una foto, pero le restamos importancia a que nuestros hijos se enteren de todo sin filtro alguno?

Hace poco, una amiga mía, vio un vídeo donde mi hijo le pedía a “Alexa” con su acento americano que tocara canciones de Simón Díaz. Eso la conmovió para escribirme diciéndome: “vivo en Venezuela, mi hija tiene 3 ańos, sabe perfectamente quién es Maluma pero desconoce quién es el gran Tío Simón. ¿Cómo hago con el reggaeton si está en todos lados?”. Esa misma pregunta se la hicieron a mis papás sobre qué hacer con las modas y ellos te hubiesen dicho: “Quizás no podemos controlar las 2 horas de reggaeton de la fiesta del compańerito de clases, pero ¿qué escucha tu nińita las 6 horas restantes del día?. ¿Somos capaces como papás de expandir los gustos de nuestros hijos a otros ritmos musicales o le brindamos la oportunidad de conocer y aprender a bailar otras danzas?. Aquello la dejó pensando y hace un mes, me contó que montó con las mamás de prescolar un grupo de WhatsApp que denominaron “pińatas sin reggaeton”. Todas hicieron un listado de canciones y juegos infantiles que cada una propuso para las fiestas de los nińos de ese salón. Quizás a muchas familias les parecerá un detalle irrelevante lo que se escuchan en las pińatas, pero ¿tenemos alguna iniciativa -como este grupo de mamás-, para mejorar el contenido de las letras que se aprenden nuestros hijos sin tener uso de razón?. Alguna vez, ¿nos hemos dado cuenta que el mundo nos ofrece una riqueza infinita en música, arte, literatura, eventos sociales, culturales, deportivos para nutrir grandiosamente el camino de nuestros hijos?

La inocencia es un tesoro de gran valor que poseen todos los nińos. Basta ver a un nińo para quedarse cautivados por esa mirada sencilla, alegre, de confianza y sin temor que nos regalan. Tener en nuestra manos un nińo es hacernos sentir que hay esperanza en la humanidad y en la vida misma. ¿Que los nińos son curiosos? Sí. ¿Que quieren saberlo todo? ¡Por supuesto!, pero bien vale la pena preguntarnos ¿dónde estamos nosotros con nuestros hijos en esa búsqueda de descubrir el mundo?.

Hoy, los invito a los que quieran anotarse en esta invitación, que pongamos en nuestras manos esa meta que mis papás se propusieron con sus amigos cuando eran jóvenes: “Que tus hijos y los míos sean en el futuro hombres y mujeres con contenido”. ¡Qué triste sería si crecen vacíos!. Pero ¿cómo unos papás y sus amigos pusieron en práctica educar con contenido? Cuidando los detalles pequeńos, cultivando los cinco sentidos de acuerdo a las edades y respetando el grado de madurez en cada uno de sus hijos. Quizás por eso, una de las cosas que guardo con tanto carińo de mi infancia es el nombre de mi casa en Venezuela. Se llama “No Te Apures”.

 

Yohana es Abogado, esposa de Pat y mama de Thomas, Michael y Pedro. Actualmente vive en Estados Unidos con su familia y se dedica a “humanizar” la rutina familiar con alegría, creatividad y buen humor.