VIDA EN FAMILIA

En el día de la familia…

Por: MARÍA VERÓNICA DEGWITZ /

Hoy toca reflexionar… sobre lo que significa la familia en nuestras vidas. No importa si tu familia es grande o chiquita, si es ruidosa o calladita. No importa si prefieren bailar o leer… si salen a escalar o a comer. No importa si hablan mucho o poquito, si viven juntos o separados, si están siempre contentos o a veces están peleados.

Cada familia es un mundo, un mundo en el que se vive, se ríe, se duerme, se lucha, se comparte, se ayuda. Un mundo al que pertenecemos, en donde se nos quiere como somos y no importa lo que hagamos. Un mundo que nos hace ser diferentes, que nos da nuestra identidad y que muchas veces nos hace pensar: menos mal que soy de este mundo, pues no cabría en ningún otro.

La familia también es rutina, es trabajo, es una realidad que a veces nos agota y de la que nos provoca salir corriendo. Pero sabemos que ese escape duraría poco, porque extrañaríamos el caos, el desorden, los besos mojados, las peleas de hermanos, los chistes sin gracia y hasta los ataques de rebeldía adolescente.

Las familias tienen edades. Están las pequeñas, normalmente inocentes e ilusionadas, quizás un poco ingenuas que piensan que todo será color de rosa, y la realidad a veces las supera. La familia joven tiene crisis de identidad: su día a día es caos y no sabe de donde sujetarse. Luego viene la madurez, y con ella la capacidad de ver las cosas con perspectiva. Ya un poco acostumbradas a la rutina, tanto que hasta la empiezan a querer. Con el tiempo se llega a la adultez, en donde se comienzan a ver los frutos, ya cada quien comienza a tomar su camino, y se lleva consigo todo lo que la familia le dio. La familia veterana es aquella que disfruta de la satisfacción de la labor cumplida, la que ve con asombro como pequeñas familias se comienzan a formar y seguirán un camino igual pero diferente.

La familia no es un regalo: es un encargo, no se nos da de gratis. Debemos cuidarla, mantenerla, levantarla, y solo así podremos de veras disfrutarla. Porque la familia no solo da, también pide, y sólo las cosas que nos exigen, que nos demandan entrega, esfuerzo y dedicación, son las que nos pueden hacer felices.

La familia es el puerto de salida y de llegada de nuestra vida. A donde siempre queremos volver, no importa donde estemos. Es el sitio en el que nuestro corazón descansa, porque sabe cómo latir, en el que nuestra mente reposa, porque se siente reconocida, y donde nuestro espíritu florece, porque sabe que la familia es una antesala del Cielo.

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