VIDA EN FAMILIA

Cuando los abuelos están en casa…

Por: MARÍA VERÓNICA DEGWITZ /

Las mejores visitas son las de los abuelos. No hay amor más puro y más real que el de los abuelos a sus nietos. La dinámica que crean cuando están juntos es algo para admirar, atrás quedan las preocupaciones, las quejas y las normas, lo que se vive allí dentro de ellos es una verdadera realidad de amor que llena los corazones de ambos.

Lo complicado es sincronizar las normas del hogar con este amor desmedido. Muchas veces los abuelos tienen la suerte de pasar mucho tiempo con sus nietos, y si es así, para mantener la armonía hay que saber manejar ciertos temas.

En primer lugar saber que los abuelos ya educaron, y no están allí para eso, por lo menos en la mayoría de los casos. Exigir a los abuelos que sigan nuestra rutina al pie de la letra es injusto para ellos y para nosotros. Salvo en algunos casos en los que los abuelos son los principales cuidadores de sus nietos, y les toca en gran parte educar, es difícil exigirles que sean igual de exigentes que nosotros. Ellos disfrutan su rol de consentir y mimar y los padres debemos respetar eso.

Esto no quiere decir que la estructura familiar se debe resquebrajar cuando llegan los abuelos a la casa. Así como nosotros debemos entender su necesidad de mimar a sus nietos, ellos deben comprender que los niños descansan en la autoridad de los padres, y que las normas que ponemos en nuestra casa son para el bien de los niños. ¿Cómo conseguir entonces el equilibrio?

  1. Conversar sobre el tema: si sabemos que los abuelos van a pasar una temporada con nosotros, debemos tener un canal de comunicación abierta en el que podamos expresar honestamente cuales son las cosas en las que podemos ceder y en las que no. Hay que soltar un poco y pensar de verdad qué cosas son realmente importantes en la educación de nuestros hijos, y aquellas cosas en las que soltar un poco la mano no les afecta. Por ejemplo: puede ser que modificar la hora de dormir un día no sea un tema de vida o muerte, pero la obediencia es algo en lo que no queremos flaquear. Al comunicar estos temas los abuelos saben en que cosas pueden «consentir» sin necesariamente alterar nuestro plan educativo.
  2. No desautorizarnos los unos a los otros: el respeto y credibilidad a las figuras de autoridad es muy importante para el sano desarrollo de nuestros niños. No podemos, en frente de los niños, mostrar desacuerdos en cuanto a correcciones y normas porque ellos lo perciben y luego una de las figuras pierde autoridad. Las conversaciones deben ocurrir en privado y siempre debemos mostrarnos como un frente unido: somos una familia, no existe el malo y el salvador, esto les hace mucho daño a nuestros hijos.
  3. Respetar nuestras maneras de hacer las cosas: muchas veces los conflictos surgen porque el otro no hace las cosas como yo las haría, y lo que nos falta en este caso es tolerancia. Existen diversidad de gustos y de personalidades y debemos aprender a respetar la manera de hacer las cosas de los demás.
  4. Reglas claras conservan amistades: si ya hemos discutido las cosas en las que estamos dispuestos a ceder y en las que no, debemos respetarlas. Debemos saber también que la negociación se da entre padres y abuelos, no entre los niños, padres y abuelos. La estadía de los abuelos en casa no se puede convertir en en período en el que los niños aprenden a negociar por todo. Los consentimientos se hacen no porque el niño llora, hace pataletas o negocia. Esos pequeños mimos deben ser una muestra del cariño especial de los abuelos y no una rendición ante el llanto o la negociación del niño. Los abuelos deben comprender que si ellos se convierten en los que ceden siempre ante las suplicas, a los padres les queda la tarea de volver a acostumbrarlo a cumplir las normas cuando ellos no estén.

La familia se enriquece y el amor aumenta cuando los abuelos llegan a la casa. Ellos son fuente de alegría para sus nietos y los padres debemos animar a que pasen mucho tiempo juntos. Tenemos que entender que la relación con los abuelos es super enriquecedora para nuestros hijos porque les afirma su sentido de pertenencia, les da ideas sobre su pasado y su futuro y además les enseña a ser pacientes y a comprender el desarrollo de la vida. Pero este tiempo también es importante para los propios abuelos porque ellos ven en sus nietos la culminación de los logros de su vida, además les dan energía, les alegran la vida y ¡hasta los ponen a jugar!

¡Que vivan los abuelos!

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