VIDA EN FAMILIA

El problema con las expectativas…

Por: MARÍA VERÓNICA DEGWITZ /

La vida familiar trae consigo muchos «fracasos». Y la mayoría de estos aparentes fracasos no son fracasos en sí mismos sino que son resultados diferentes a nuestras expectativas. Esperábamos que nuestra vida de pareja siempre fuera emocionante como una película de Hollywood, y cuando nos vemos en una relación tranquila llena de altos y bajos, y de rutinas también, nos convencemos de que eso no era lo que queríamos. Pasa también con la vida familiar: pensábamos que nuestra familia se parecería a las de las vallas publicitarias, pero no contábamos con las noches sin dormir, con el cansancio, con la personalidad de nuestros hijos (no todos son tan simpáticos todo el tiempo) o con toooodo lo que había que hacer para educarlos medianamente bien. Es decir, teníamos unas expectativas muy altas y la realidad nos dio una trompada.

Muchas personas se asustan con todo esto y tratan de escapar buscando su «vida perfecta» para darse cuenta de que les vuelve a pasar lo mismo. y es que la solución no es cambiar la vida, sino cambiar las expectativas. Un gran problema de nuestra cultura es la obsesión con la perfección y la felicidad. Todo se ve desde un punto de vista romántico y aventurero, y nos decepcionamos si la realidad no es así. Lo que nos pasa es que el problema no está en la realidad, sino en la visión que tenemos de ella. No hemos aprendido a ver la felicidad en los detalles, el romanticismo en las pequeñas muestras de amor de cada día, la grandeza de la maternidad en los momentos compartidos. No sabemos ver la belleza en la rutina del día a día, no apreciamos los días de parque, los momentos compartidos mientras vemos series de Netflix, las comidas familiares, las salidas en parejas… son todas estas cosas, que conforman nuestra realidad, las que tenemos que comenzar a apreciar.

Ojalá pudiéramos educar a nuestros hijos en estas expectativas: en no esperar más de la vida de lo que ésta es, en aprovechar el momento y no estar siempre pensando en lo que viene después. Ojalá pudiéramos vivir felices con lo que tenemos, que es mucho, en vez de estar viendo cómo los demás son más felices, o más lindos, o más ordenados. Ojalá podamos aprender de personas que han tenido sufrimientos importantes en sus vidas, aquellos que no toman por sentado las cosas pequeñas de cada día, y saben aprovechar cada momento. Un gran santo decía «Las almas grandes tienen muy en cuenta las cosas pequeñas». Y las familias felices, en vez de esperar cosas grandes, saben disfrutar las cosas pequeñas.

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