EDUCANDO

Escogiendo nuestras batallas

Por: MARÍA VERÓNICA DEGWITZ /

Uno de los consejos más útiles que me han dado a la hora de educar y tener una vida armoniosa en familia es este: «Escoge tus batalla». Sin embargo entender esta frase no es fácil, porque muchas veces podemos pensar que esto quiere decir que, por cansancio, o por evitar alguna pataleta es mejor dejar pasar ciertas cosas. Creo que darle este significado puede generar problemas futuros en la crianza ya que la educación entonces depende de nuestro estado de ánimo o de que tan duro grite o llore el niño por lo que quiere.

Antes que todo tenemos que saber que como padres todo el tiempo estamos educando. Nuestros hijos nos ven constantemente: cuando manejamos y discutimos con otros conductores, cuando estamos agotados y nos desahogamos con unos cuantos gritos, o cuando dejamos de hacer cosas que son importantes porque estamos cansados. Todo esto va formando su manera de ver la vida, su manera de reaccionar ante las situaciones adversas y su capacidad para manejar la frustración. Esto no significa que debemos vivir con el peso del mundo encima porque con nuestra conducta les estamos dañando la vida desde ya; pero si significa que tenemos que ser conscientes de que nuestra conducta influye y que, aunque nos equivoquemos muchas veces, tenemos el deber de rectificar y mostrar a nuestros niños que de los errores se aprende.

Si tenemos claro que todo educa, y que todo momento educativo es importante, entonces entenderemos mejor que el escoger nuestras batallas no quiere decir que hay momentos reservados para educar, y momentos en los que sencillamente renunciamos a eso. No importa cuan cansados estemos, ni cuánto dure el llanto, si tenemos una oportunidad de formar el carácter de nuestros hijos no debemos darnos por vencido, o dejarlo para otro momento. Hacer lo contrario es decirle a nuestros hijos que el cumplimiento de sus deberes, o el hacer las cosas bien, depende de nuestro estado de ánimo o de cuanta resistencia encontremos. Creo que muchas veces ese es el mensaje que damos: «te dije que no podías comer el helado, pero mejor te lo doy para que te calles»; o «hoy estoy muy cansada para recordarte que ordenes tu cuarto así que mejor lo dejamos así». Esto no es escoger las batallas, esto es rendirse ante las situaciones que nos superan y dejarnos llevar por nuestra propia comodidad (aunque todos lo hagamos frecuentemente… lo importante es reconocerlo.. je!).

¿Qué significa entonces escoger nuestras batallas? Significa poder valorar y priorizar cuáles son los temas importantes y los no tan importantes en la formación y educación de nuestros hijos. Sabemos que no podemos pelear por todo, ni podemos pasar todo el día regañándolos, entonces debemos reconocer cuáles son los temas en los que vale la pena engancharse, y cuáles podemos dejar pasar: no porque estemos cansados o porque el niño lloró mucho, sino porque reconocemos que no es una cuestión trascendental en su formación como persona y en su desarrollo. Cuando reflexionamos sobre esto nos damos cuenta de que a veces ponemos importancia en cosas que en realidad no son tan importantes (pueden ser temas de imagen, o de cómo nos vemos nosotros como padres ante los demás).

Así que la próxima vez que perdamos la paz porque la niña quiso ponerse la falda azul en vez de la amarilla, o porque no quiere seguir haciendo el deporte que nosotros soñábamos que hiciera, recordemos que no todas las batallas se pueden pelear, pero ojalá las importantes nunca las dejemos de pelear.

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