VIDA EN FAMILIA

Lo que aprendió mi familia después de un viaje de 40 horas de carretera

Por: MARÍA VERÓNICA DEGWITZ /

Siempre tuve pánico a encerrarme en un carro con mis hijos por más de 5 horas. Cuando mi esposo me proponía salir de vacaciones, recorrer el país en auto, o simplemente ahorrarnos los pasajes de avión e ir a un lugar divertido pero que quedara a más de 5 horas, yo sencillamente ponía mil excusas: los niñitos se van a desesperar, vamos a esperar que estén más grandes, etc.

Pues la semana pasada me tocó olvidar todas estas excusas y lanzarme en un viaje de más de 20 horas a Dallas, Texas. El huracán Irma amenazaba con llegar y nosotros, por ahorrarnos los malos ratos y por tener algo que hacer con los niñitos (que iban a pasar más de una semana sin clases), decidimos “escapar” a casa de mi hermana en Dallas, para pasar unos días en familia y que compartieran con sus primos.

El viaje de ida normalmente dura 19 horas, sin embargo, por el tema de la gasolina que estaba escasa y la cantidad de gente tratando de salir del estado, tardamos más de 24 (obviamente lo hicimos con una parada en New Orleans para dormir) y así mis peores miedos se convirtieron en realidad: estaba encerrada con los cuatro niños y un perro… y sin escape!!!!

Aquí varias cosas que aprendí en esos momentos de encierro:

  1. Muchas veces los miedos que tenemos son peores que la realidad: En mi imaginación yo no iba a poder soportar un viaje así. Todos los peores escenarios pasaban por mi cabeza y no me sentía capaz de manejarlo. Sin embargo, la realidad llegó, y a pesar de que pasamos por momentos malos (náuseas, vómitos, desesperación, peleas, etc.) me di cuenta que posiblemente mi imaginación me había jugado una mala pasada y el viaje no fue tan malo como pensé que podía ser.
  2. Con planificación todo sale: entre los snacks, las bebidas, las películas, las canciones y los juegos que llevamos preparados todo se hizo más fácil Y los pocos momentos de improvisación que hubo, los aprovechamos para volver a las actividades que recordábamos cuando hacíamos viajes de carretera de niños y para el famoso: “vean por la ventana”.
  3. Todo educa… ¡Todo!: aunque uno crea que las 40 horas de carretera fueron perdidas, al verlo detenidamente me doy cuenta de que aprendieron mucho. Desde los paisajes, barcos, tractores, ríos y puente que nunca habían visto, hasta tener que compartir hombro con hombro con sus hermanos por dos días seguidos. Todo esto me recordó al libro de Educar en el Asombro de Catherine Lécuyer en el que la autora afirma que todas estas actividades aumentan la capacidad de asombro de nuestros hijos y los hacen ver el mundo de manera diferente.
  4. El tiempo en familia es tiempo de calidad: seamos sinceros ¿Cuántas veces podemos decir que pasamos tanto tiempo todos juntos sin que podamos “escapar” a lo nuestro? Este tiempo juntos hizo que nos conociéramos más y también que nos aguantáramos más. Y después uno aprende a apreciar esos momentos en los que cedimos un poco, en los que tuvimos que ser más pacientes o más generosos con los demás. También puedo agregar que el tiempo que pasamos en casa de mi hermana lo disfrutamos muchísimo, nos recibieron con tanto cariño que valió la pena el viaje… y eso que no está fácil recibir a una familia de 6 (+ perro) por 5 días. Por eso digo siempre que ¡los hermanos son lo máximo!

 

No les voy a negar que las últimas 5 horas de trayecto volviendo a casa fueron muy difíciles: el cansancio era evidente y ya queríamos terminar de llegar. No les voy a negar que casi besé el piso al llegar a la casa. Pero lo que sí es verdad es que puedo decir que perdí mi miedo a estos viajes, que los niñitos fueron todos unos campeones y que ya estamos planificando a dónde podemos viajar la próxima vez, ya que pudimos romper los límites del terror a los viajes en carretera, y a la vez crecimos un poco más en nuestra vida familiar.

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