VIDA EN FAMILIA

Ayudando a llevar a un hombre a la luna…

Por: MARÍA VERÓNICA DEGWITZ /

Una amiga colgó en Facebook esta anécdota de John F. Kennedy, narrada en un discurso de Mark Zuckerberg: El presidente norteamericano estaba de visita en las oficinas de la Nasa, y al ver a un empleado con una escoba barriendo, le pregunta que qué estaba haciendo, el hombre le responde: «Señor Presidente, estoy ayudando a llevar un hombre a la luna…»

Es una historia muy inspiradora y me dejó pensando varios días en la capacidad que tenía ese hombre de ver más allá de su trabajo. En la vida familiar, nos puede pasar a veces, que perdemos el sentido de propósito, que nos perdemos en la monotonía de la rutina, y a veces hasta olvidamos porqué hacemos lo que hacemos.

La educación y crianza de los hijos, el amor familiar, las labores domésticas o el mantenimiento del amor de pareja no son tareas fáciles: muchas veces exigen de nosotros mucho más de lo que somos capaces de dar. La mayoría de las veces entramos en conflicto con nuestro propio egoísmo y sentimos que lo que hacemos en la casa es tiempo perdido, que nuestra «realización personal» no viene de la mano de un cambio de pañal o de un juego de futbol.

Muchas veces nos podemos sentir cansados, aburridos de repetir la misma rutina una y otra vez, o podemos sentir que las exigencias de la vida profesional y de la vida familiar no son compatibles y que no nos alcanza el tiempo. O lo que es peor: podemos creer firmemente que no sabemos cómo educar, que nos pasamos la vida apagando fuegos, evitando pataletas, pero nos da terror pensar si todo lo que hacemos servirá de algo para que nuestros hijos sean buenos y felices.

Estas son dudas y sentimientos que tenemos todos. No creo que ningún padre o madre de familia no se sienta muchas veces perdido, agotado o que sienta que su vida familiar no tiene sentido: que es un pasar de días con la misma rutina pero sin ninguna trascendencia en la «vida real». Pero si adoptamos la visión de este hombre, nos damos cuenta de que lo que hacemos todos los días sin parar: esos cambios de pañales, esos juegos de pelota, esas películas familiares, aquella corrección que hacemos seis veces al día, o ese abrazo de la mañana… todas esas cosas están haciendo más que poner a un hombre en la luna.

La familia es fábrica de humanidad. Nosotros somos los responsables de que esos niños, que tanto queremos, y que a veces acaban con nuestra paciencia, cambien el mundo. ¡Tenemos en nuestras manos el futuro! y en ese futuro no solo llegarán a la luna: cambiarán vidas, cambiarán maneras de pensar y cambiarán el mundo. Y todo depende de que nosotros, escoba en mano, sepamos que cada barrida, cada movimiento, cada día que hacemos nuestro trabajo con una sonrisa (o sin sonrisa porque el cansancio no lo permite), contribuye a llevar a ese hombre a la luna.

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Comments (2)

  1. Lourdes:

    Totalmente identificada! Qué fácil es perder la perspectiva en la práctica, aunque uno se sepa muy bien la teoría…
    Me encantó!

  2. Carolina:

    Muy bueno tu artículo Mariaverito!
    Siempre he pensado que es un conflicto de la sociedad moderna.
    Las madres de otros tiempos entendían mejor, el papel fundamental que tenían, en el crecimiento y desarrollo de los hijos, del esposo y de la familia en si misma.
    Creo, no sé mucho del tema, que socialmente brincamos de un extremo al otro, en épocas anteriores la mujer solo podía tener un roll de madre y esposa, no estaba bien que leyera y hasta que expresara sus ideas era algo mal visto. Ahora hemos pasado al otro extremo, la mujer que dedica su tiempo a su familia y a sus hijos, está empezando a ser «mal vista», se considera un desperdicio de inteligencia, de potencial, de virtudes. Socialmente hemos olvidado que ese trabajo, el de madre y el de esposa, es el único en el que una mujer no puede conseguir un reemplazo.
    Por aquí seguiremos barriendo para que lleguen a la luna! Orgullosa además, de entender que allí, soy irremplazable!!!
    Gracias por recordármelo!
    Un abrazo!

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