EDUCANDO

Aprender a «ver lo bueno»

Por: MARÍA VERÓNICA DEGWITZ /

 

Quiero hijos optimistas. Así de sencillo. El optimismo es una virtud que nos invita a ver los eventos de nuestra vida de la manera más favorable. El optimismo no es vivir en la irrealidad, o un actitud cursi que nos obliga a poner palabras bonitas y corazones a lo que está pasando, sino que es más bien la firme convicción de que las cosas tienen solución, que nosotros somos parte de la solución, y de que aunque para el momento no se vea la solución, siempre hay algo bueno que sacar o que aprender.

El optimismo es contrario a los que llamo «nube negra». Esas personas que logran contagiarte con un sentido de desesperanza absoluta cuando hablas con ellos porque se la pasan resaltando lo negativo, afirmando que los problemas no tienen solución y que parece que se alegraran cuando las cosas van mal porque pueden decir «te lo dije» y tienen más material para sus quejas.

Es importante preguntarse ¿qué actitud vivimos en nuestras casas? es imposible que eduquemos hijos optimistas si nuestra casa es peor que el muro de los lamentos, en la que nos vivimos quejando de todo y de todos, en la que no le vemos nada positivo a nada y en la que pasamos todo el día victimizándonos por todo nuestro sufrimiento. Estas actitudes tienen dos raíces principales: en primer lugar el egoísmo, porque si pasamos todo el día pensando en nosotros mismos, lo más lógico es que nos concentremos en todo lo que nos sale mal y nuestras desgracias, nos convertimos entonces en personas víctimas de la vida, y ya saben como sigue eso. Otra razón es la desesperanza: las personas «nube negra» por alguna razón u otra han perdido la esperanza, y una persona sin esperanza es incapaz de ver salidas, soluciones, y mucho menos lo bueno de las cosas que le pasan.

Pero ¿cómo hacer que nuestros hijos sean optimistas? Pues como todo en la educación, hay que modelarlo. Es muy difícil que de padres «nube negra» salgan hijos optimistas. Existe un ejercicio muy eficaz: cada vez que nos vayamos a quejar, podemos usar una frase «menos mal», es decir, en vez de: «hace mucho calor», podemos decir: «menos mal que hoy trajimos ropa ligera». O en vez de decir: «tengo mucho trabajo» podemos decir: «menos mal que llegue temprano hoy así me va a dar tiempo de hacer todo lo que tengo que hacer». Pareciera un ejercicio tonto, pero si lo hacemos frente a nuestros hijos ellos podrán aprender a sacar lo bueno de cada situación, enfocándose en lo positivo.

Finalmente el tema del optimismo es un tema de fondo más que de formas. Si queremos educar hijos optimistas, que sepan «ver lo bueno» pues tenemos que escarbar muy dentro de nuestro corazón para saber si estamos convencidos de que lo mejor es lo que pasa; Si sabemos pedir ayuda cuando hay problemas que no podemos solucionar, y finalmente, si reconocemos que nunca estamos solos y que hay alguien arriba que nos cuida y nos quiere. Esa es la manera más fácil de ver siempre «lo bueno».

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