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Las «Tiger moms» y el problema del éxito

Por: MARÍA VERÓNICA DEGWITZ /

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Foto: Time Magazine

 

Hace una semana vi en televisión un programa interesante sobre estilos de crianza. El programa se acercaba a distintas personas que promueven maneras de educar que pueden parecer extrañas para la mayoría de las personas y trataba de entenderlas. Uno de los estilos que me llamo más la atención fue el de las «Tiger Moms», basado en un libro de Amy Chuan  que afirma que las madres Chinas o asiáticas crían mejor a sus hijos porque los impulsan al éxito con mucha disciplina.

La autora define tres principales diferencias entre su estilo de crianza y el estilo  occidental: En primer lugar ella afirma que los padres occidentales nos preocupamos mucho por la autoestima de nuestros hijos, mientras que las «tiger moms» no se preocupan de los sentimientos de sus hijos, ellos esperan de ellos fuerza y no fragilidad. La segunda diferencia es que ellas esperan todo de sus hijos, sienten que los hijos están en deuda con los padres y la única manera de pagar esa deuda es hacerlos sentirlos orgullosos con sus logros y éxitos; esto se aleja mucho de la visión occidental que plantea más bien que los niños deben ser niños y que en un futuro su deuda será con sus propios hijos. La tercera diferencia es que las «tiger moms» afirman que saben que es lo mejor para sus hijos y por lo tanto no hay que hacer caso a sus gustos o preferencias; mientras que en el estilo occidental se apoyan los gustos de los hijos y se trata de que sean felices con los que ellos han escogido.

Definitivamente es un tema bastante polémico, pues se enfrenta a todas las teorías que conocemos actualmente sobre el desarrollo de la persona. Personalmente creo que es una manera demasiado pragmática de ver la vida. Para estas madres el fin justifica los medios, y ese fin, que es el éxito, vale la pena de alcanzar pues es lo que va a dar la felicidad. Y eso lo explica todo: si tu norte es el éxito, pues tienes que usar todos los medios para lograrlo, así los medios sean encerrarlo tres horas tocando piano, o castigándolo porque no es el mejor del salón. Sn embargo cuando yo trato de definir el norte que deseo para mis hijos, ese «éxito» me queda corto. Tal vez porque he conocido personas exitosas que son muy infelices, o porque veo que al final de la vida pueden existir muchos lamentos por el tiempo perdido en cosas que finalmente no importaban.

En segundo lugar me hace mucho ruido el tema de la constante competencia: la medida del valor de mis hijos no es ni será nunca el lugar que ocupen en su salón, en su equipo de fútbol o en su grupo de ballet. Ellas afirman que ser los primeros siempre es lo que los hará felices, yo no estoy tan segura de eso; pues siento que siempre tener que mirar al otro como un obstáculo para lograr tus metas, te impide desarrollar relaciones sanas, en las que puedas ser generoso, ayudar a los demás y experimentar la alegría del dar.

Y finalmente creo que, aunque es verdad que los padres conocemos mucho a nuestros hijos y sabemos lo que es mejor para ellos, los tenemos que aprender a querer respetando su libertad. Sus preferencias y sus gustos son partes esenciales de su desarrollo como persona: esa exploración que te permite equivocarte y crecer desde lo propio es lo que nos hace distintos y auténticos. Además que creo que el ser humano no es un ser estático, su personalidad, gustos y preferencias van variando con el tiempo y es muy satisfactorio ver como todos estos cambios se van dando, y debemos promover la flexibilidad que nos permita explorar estos cambios.

A pesar de todas estas diferencias, creo que es necesario ver y escuchar estilos distintos porque uno siempre aprende algo. De las «tiger moms» rescato algo muy importante: la importancia que tiene el no rendirse. Estas madres son capaces de soportar todo antes de dejar que su hijo se rinda, porque creen que es necesario superar las propias comodidades para lograr las metas. Creo que es algo que a veces nos hace falta: Motivar a nuestros hijos a no rendirse, no porque para nosotros sea importante que superen a los demás, o que se ganen todos los premios, sino porque las cosas que valen la pena en la vida cuestan mucho sacrificio;  y si siempre nos rendimos a la primera, no desarrollaremos el carácter necesario para alcanzar las cosas que si nos harán felices.

 

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Comments (2)

  1. Patricia Morean Pérez:

    Completamente de acuerdo. Creo que de cada forma de educar hay cosas que se pueden rescatar para enriquecer nuestro proceso de crianza. Sin duda, sobre este tema hay mucha tela que cortar. Mi opinión y lo que, por los momentos, es mi meta es educar a mis hijos para que sean felices. Creo que el mundo está lleno de personas exitosas que sólo consiguen en esto la plenitud y, cuando se les va el éxito, no se reconocen. Quiero que mis hijos sepan ser felices en el anonimato y en el reconocimiento ajeno, en los éxitos y en los fracasos, en las buenas y en las malas… y que su felicidad radique en vivir. Pero bueno…ningún proceso es perfecto. Seguiremos haciendo nuestro mayor esfuerzo. Excelente artículo.

    1. enlasalademicasa:

      Me encanto tu comentario Patty… que difícil es a veces para los padres reconocer que la felicidad de nuestros hijos puede estar en las buenas y en las malas o en el éxito y en el fracaso… Gracias por tu reflexión ¡sin duda nos deja mucho que pensar!

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