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Mi problema con las princesas

Por: MARÍA VERÓNICA DEGWITZ /

Lo confieso: tengo una relación amor/odio con las princesas. Por un lado me encanta la estética y la fantasía de su historia, y disfruto mucho viendo a mis hijas cantar y disfrazarse con lo que definitivamente se ha convertido en el tema por excelencia para niñas pequeñas. Por otro lado me preocupa el mensaje que mandamos a nuestras hijas o hijos con esa narrativa.

En primer lugar está el tema de la belleza: estoy a favor de resaltar su feminidad, sin embargo me preocupa que pongan tanta importancia en la belleza exterior, dejando quizás de lado otros aspectos más importantes de la vida. Creo sinceramente que si pasamos de las princesas a las Kardashian es muy difícil educar niñas que reconozcan su valor mas allá de un vestuario o unos labios perfectos.

En segundo lugar la verdad es que me gustaría ampliar sus horizontes: el deporte, el arte, la cocina, la biología o la música son pasiones que se pueden despertar desde chiquitos. Si no hay espacio en su vida ahora para un microscopio, un instrumento, una raqueta o una historia de superhéroes, luego podemos encontrar que tendremos adolescentes que pongan todo su interés en cosas que pueden ser buenas, pero que no llenan la vida.

En tercer lugar, y creo lo más importante, me preocupa que comparen su vida con la de las princesas. Les aseguro que mi vida, como la de la mayoría de ustedes no es nada deslumbrante (hasta se podría decir que es bastante corriente). Pero creo que la riqueza de nuestra vida es encontrar la felicidad en esas pequeñas cosas «corrientes». Tal vez nuestra historia de amor no sea la de Cenicienta: seguramente estará cargada de pequeñas discusiones, rutina, días felices y algunos momentos malos… pero esa historia es la nuestra, y lo que tiene de maravillosa es que sabemos reconocer como valiosos todos esos momentos y no los cambiaríamos por nada del mundo.

Tengo muchos sueños para mis hijos, y sé que la educación que reciban, sus intereses y gustos van a influir en lo que ellos serán en un futuro. También estoy clara en que serán ellos, con su libertad,  los que elijan cómo dirigir su vida. Sin embargo quisiera inspirarlos con ideales altos, y quiero que sepan que más allá de las cosas superficiales, las historias de amor de novela, los vestidos y las joyas: ¡la vida vale la pena ser vivida! con sus momentos malos y buenos, con todo lo «corriente» que pueda ser… porque esa vida es la nuestra y eso es lo que la hace extraordinaria.

 

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Comments (1)

  1. tintaleo:

    Maravilloso artículo. Sin duda, la felicidad existe cuando aprecias los pequeños detalles de la vida. Hay un libro infantil maravilloso que se llama Selma de Jutta Bauer y habla precisamente de esto, sobre qué es la felicidad. Es un libro sin edad, su mensaje es eterno.

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