VIDA EN FAMILIA

Nuestras renuncias

Por: MARÍA VERÓNICA DEGWITZ /

Una de las cosas que más le repiten a los nuevos padres es cómo les va a cambiar la vida, cómo nunca serán los mismos, nunca dormirán tranquilos o cómo no van a poder hacer planes. Efectivamente, tener un hijo cambia tu vida y tus planes. Y hay muchas cosas a las que tienes que renunciar. Pero las renuncias no son tan agobiantes como las pintan.

Todas las personas diariamente renunciamos a muchas cosas: al elegir una carrera renunciamos a muchas otras que también podrían ser caminos de felicidad, o al elegir una ciudad dónde vivir estamos renunciando a cientos de pueblos en cuyas calles podríamos vivir intensamente… y miles de renuncias más: al hacer dieta renunciamos a comer, o al ahorrar renunciamos a gastar ese dinero en algo que queríamos.

Hoy en día las renuncias que están mal vistas son las que se realizan por los demás. Las renuncias que puede hacer un papa o una mamá por su familia se miran con desprecio porque se supone que son renuncias obligadas, en la que la persona no tuvo nada que ver sino que fue obligada por la situación, que además es culpa de la familia.

En primer lugar las renuncias deben realizarse con toda la voluntad y la alegría: eso de ser la mamá sufrida, porque has dejado TU vida por esos niños no les hace bien a ellos ni a ti: toda la vida les estarás recriminando algo que ellos nunca te pidieron, y ese excesivo pensar en el cambio de TUS PLANES te hará realmente infeliz.

En segundo lugar no estoy de acuerdo con que la familia suponga necesariamente la renuncia de todo plan, objetivo, metas o personalidad. En familia somos los mismos pero potenciados: tienes un equipo contigo que te apoya en cada etapa, así que tienes la mitad del camino recorrido. Es importante conocer nuestras propias limitaciones y no poner tragedia donde no lo hay: ¿duermes menos? si! seguramente duermes más que Da Vinci cuando estaba realizando una de sus magnificas obras de arte. Además probablemente haya etapas en donde tengas que aplazar alguna actividad, trabajo o evento, lo que no significa que estés renunciando a él por siempre y eternamente.

Lo más rico de la vida es lo inesperado, aquellas cosas que llegan sin buscarlas y que te sorprenden dándole un giro inesperado a tu vida. A veces esas pequeñas renuncias que haces por tu familia son las que te llevan a descubrir tu verdadero llamado, algo que nunca te hubieses imaginado. Además de papás, mamás, esposos, hijos y hermanos somos personas con miles de gustos, inclinaciones y caminos por recorrer… y ¿qué hacemos con todo esto al tener hijos? pues los invitamos a recorrer esta maravillosa aventura con nosotros: a acompañarnos a subir una montaña y entrenar, a respetar nuestras horas de estudio, a vernos bailar o ayudarnos a cocinar, a entender nuestro trabajo profesional, a ayudarnos a corregir exámenes o a preparar clases! Cuánto aprenderán nuestros hijos al vernos cumplir nuestros sueños y llegar a nuestra meta siempre con ellos al lado!

La vida está llena de renuncias, unas más difíciles que otras. Ojalá nuestra familia no sea excusa para alejarnos de nuestros sueños, sino que más bien se convierta en el apoyo que necesitamos para convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos, teniendo en cuenta que en el único lugar donde nadie nos sustituye es en nuestro hogar.

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