LO QUE SE VE HOY EN DÍA

La belleza está en el camino

Por: MARÍA VERÓNICA DEGWITZ /

Beautiful playful girl leaning out of a car window

En nuestra sociedad la vida está orientada a los resultados, a los logros. Los eventos de esta semana lo confirman: el mejor jugador de fútbol del mundo renuncia a su selección después de perder cuatro finales. No soy quién para juzgar esta acción, no lo conozco para saber cómo se siente, ni qué lo motiva… y sinceramente debe ser muy difícil sentir la presión de ser «el mejor» y, a pesar de eso, no ganar.

Pero de estos eventos hay que sacar enseñanzas sobre todo para la educación de nuestros hijos. Es muy fácil decirles que no hay que rendirse, pero muy difícil vivirlo cuando lo que han respirado toda su vida es una cultura orientada a los resultados. Sabemos que es así: medimos la vida en puntos, notas, goles, becas o diplomas. Creemos que las personas son mas valiosas por sus logros. Y cuando no se logran los objetivos planteados lo vemos como un fracaso.

Ustedes me dirán que soy una conformista, que por supuesto que hay que luchar por conseguir las metas, y tienen razón: conseguir un resultado positivo es la mayor motivación de una persona. Lo que no podemos hacer es darle más importancia a la meta que al camino recorrido. Existe una razón muy poderosa: en este mundo normalmente el que gana es uno… los demás pierden. ¿Eso quiere decir que no lo intentaron lo suficiente, que no lo merecían? No lo creo. Hay personas con más talento que virtud, y muchas veces el que se gana el premio, el diploma y la beca no es necesariamente el que más se esforzó. Si tenemos la suerte o el don de ser buenos jugadores de fútbol, tener excelente oído musical o una mente matemática increíble, pues entonces seguramente conseguiremos más resultados que los demás.

No quiero decir con esto que las personas talentosas no merecen sus logros. Seguro muchas, además de su talento, se han esforzado para alcanzar sus metas. Sin embargo, me preocupo más por los que posiblemente, a pesar de todo su esfuerzo, no logran el resultado. ¿Cómo valoramos a nuestros hijos? ¿Hablamos a los demás sólo de su promedio, sus goles o sus diplomas? O tratamos de ir contra corriente y valoramos el esfuerzo, y los enseñamos a disfrutar cada partido, cada presentación y cada prueba.

Nuestra sociedad es muy competitiva, y nosotros los padres no estamos haciendo nada para mejorar esto. Mientras sigamos midiendo la vida de nuestros hijos en puntajes, mientras los enseñemos a estar pendientes de qué lugar ocupan en el curso, mientras los premiemos solamente por los goles conseguidos, tendremos hijos que no sabrán manejar el fracaso, ni tampoco el triunfo. Serán personas que no le verán el sentido a perder, ni a ganar, sencillamente porque no se dan cuenta que la riqueza de la vida está en cada paso que los llevo hasta allí. No se darán cuenta que la belleza de la vida no es la copa, la belleza está en el camino…

 

 

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