EDUCANDO

El bendito ejemplo…

Por: MARÍA VERÓNICA DEGWITZ /

El ejemplo nos tiene fregados. Cada vez que escuchamos que lo mas importante para educar a nuestros hijos en virtudes es el ejemplo comenzamos a pensar: “es imposible que mi hijo sea ordenado, ¿cómo va a ser ordenado si lo que mas me cuesta en el mundo es dejar las cosas en su lugar?” o “cómo voy a enseñar a mi hijo a usar bien su tiempo si me quedo horas frente a la computadora y no me puedo despegar…”

Es algo que no podemos cambiar: lo más importante en la educación de nuestros hijos es el ejemplo. No importa que le digamos mil veces que tiene que respetar a los demás si a los dos minutos nos oye pegándole gritos a la vecina. No hay técnica, cuadro, recompensa o castigo que valga si nosotros no ponemos en practica lo que enseñamos.

¿Quiere decir esto que nuestros hijos están condenados a tener repetir nuestros errores o a cargar con nuestros defectos? ¿o que vivirán una vida de confusión ya que recibieron un mensaje y vieron otra conducta toda su vida? No necesariamente será así. Pero si no tomamos consciencia de la importancia que tiene nuestra propia actuación frente a la educación de nuestros hijos, lo más probable es que algo salga mal.

¿Quiere decir entonces que no tenemos permitido equivocarnos, o que no podemos tener defectos? Para nada. Creo que lo mejor que pueden ver nuestros hijos es que tenemos defectos, pero lo importante es que vean la lucha, que vean el esfuerzo diario, el recomenzar cada día, y sobre todo que vean la humildad de mostrarnos como somos y de pedir perdón y rectificar cuando tengamos que hacerlo.

Si tenemos que poner nuestras medias en la caja del desorden, habrá que hacerlo. Si hay que poner una moneda en el pote por haber dicho una mala palabra se hará. Y si tenemos que despegarnos de la computadora cuando ellos y nosotros sabemos que estamos perdiendo el tiempo, pues haremos el esfuerzo. Hay que demostrarles a nuestros hijos que la lucha no termina nunca, que el esforzarse vale la pena.

Lo más bonito de ser papás es que nos hace ser mejores. No porque al tener hijos automáticamente seamos mas ordenados o pacientes, sino porque tenemos la motivación de hacer las cosas bien, porque hay alguien que siempre nos ve y nos oye, y queremos que esa personita sea lo mejor que pueda ser… y eso solo lo lograremos con el bendito ejemplo.

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