LO QUE SE VE HOY EN DÍA

Nuestra Kryptonita

Por: MARÍA VERÓNICA DEGWITZ /

Nosotras las mamás tenemos una kryptonita. Algo que nos paraliza y nos vuelve débiles, y lo peor: nos hace olvidarnos de todo lo que hemos planeado y aprendido para educar mejor a nuestros hijos.

Nuestra Ktyptonita es el qué dirán. Nos horroriza pensar que los demás puedan decir que nuestros hijos son unos malcriados, o que no los educamos bien, o que no pasamos suficiente tiempo con ellos, o que no estamos pendientes de su desarrollo académico, o cualquier otra cosa que nos inventemos.

Este miedo hace que, cuando estamos en sitios públicos, nos comportemos de la manera contraria a la que deberíamos para que vean que nuestros hijos no se portan tan mal; o hace que, en algun momento, nos estresemos demás por la tarea o por la lectura para que las maestras no piensen que somos unas despreocupadas.

A  mi me ha pasado muchas veces. La ultima vez recuerdo que estabamos en un aeropuerto, y los niñitos estaban corriendo por todos lados. Yo horrorizada veía la cara de desaprobación de la gente alrededor y oía en mi cabeza sus conversaciones: “Que niñitos tan tremendos, y los papás tan tranquilos… es que estos papas modernos…”. En ese mismo instante me puse en pie de lucha, comence a perseguirlos, a gritarle a mi esposo, todo esto mientras le daba tetero a la bebe. Obviamente mi estrés puso a todos de mal humor y los niñitos se empezaron a portar peor. ¿Se identifican?

No estoy diciendo que no nos tiene que importar el bienestar de los demás, y obviamente hay que respetar al prójimo, y si el comportamiento de nuestros niñitos está molestando realmente a los que están a nuestro alrededor, hay que hacer lo posible por pararlo. El problema es que en ese momento no estamos pensando en los demás: estamos pensando en nosotras mismas, en nuestra imagen como mamás y por esos nos volvemos así de locas.

Entonces ¿cómo batallamos contra nuestra kryptonita? Empezando por aceptar que no somos perfectas. Tenemos muchos errores y los demás se dan cuenta de eso. También tenemos que aceptar que nuestros hijos no son perfectos; estamos tratando de educarlos, pero también tienen su carácter, y a veces se portan mal en los peores sitios. Cuándo ponemos el que dirán en el primer lugar, ponemos a nuestra familia en el último lugar. Tenemos que tener la fortaleza de aplicar nuestro plan de disciplina en un sitio público, pero tambien de anticipar estas conductas cuando vamos a salir. Tenemos que tener la fortaleza de mandar una tarea incompleta, si nuestro hijo no la quiso terminar, para que aprendan con la corrección de la maestra, así sufra nuestra imagen de madre e hijo perfectos.

Finalmente nos daremos cuenta que los demás seguirán hablando, y seguirán pensando lo que quieran, pero los que vivimos en esa casa somos nosotros, y si no somos consecuentes y perseverantes con la educación y la disciplina, seran nuestros hijos los que sufrirán las consecuencias, y así, estarán más lejos de ser cada día mejores…

 

 

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